Los veo desde hace tiempo. Existen desde tiempos ancestrales. Representan una forma de horror cotidiano y casi consuetudinario, que no hacen que sea menos horroroso, sino, simplemente invisible. El horror cotidiano está lleno de desventajas para quienes lo padecen. La principal es su escasa visibilidad para una sociedad atribulada, donde cada cual ya tiene bastante con sus propias preocupaciones, y unos medios de comunicación que –salvo honrosas excepciones-, andan más en el amarillismo del titular, que en el afloramiento de las causas profundas de los males. Esos infiernos cotidianos son muchos. Demasiados. La violencia doméstica. Los delitos de odio: aporofobia , homofobia, xenofobia… Las múltiples formas de acoso real que pueden darse donde hay jerarquía y relación de poder… Pero hoy quiero hablar de otro horror. Hoy hablaré de la esclavitud agraria del SXXI en Valencia. Y hablaré de esa porque la conozco y la veo cada mañana, cuando voy a coger el tren que me l...
García es un ciudadano muy perplejo ante la postmodernidad y la "garrulez". Es un tipo feliz (porque no cree en los conceptos enlatados de felicidad). Y está comprometido con todas las revoluciones del ser humano -interiores y exteriores-, para conseguir un mundo mejor... Se abrió este blog para evitar el diván del sicoanalista. De momento no le va mal.